El panel de mis sueños IX

 

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Medianoche en París

…La escribo en un cuaderno que compré por  internet. Aún no he pasado de diez páginas. Tengo decidido darle un empujón estas vacaciones. El verano pasado no las cogí. Hice una sustitución. Tenía cuatro recibos de contribución acumulados. Me sentí más tranquila cuando los pagué. Ya no dejaré que eso me pase más. El pago al contado.

Como no pude ir a Galicia, que es donde pensaba ir, me di un capricho. Me compré esta grabadora que vi en Carrefour. Estoy contenta, me hace mucha compañía. Antes de acostarme cada noche, me siento aquí, enciendo la grabadora y me pongo a escribir. Mi madre estará removiéndose en su tumba pensando, la madre que la parió.

Ahora que caigo, tengo que tirar sus cenizas. Me dijo que las repartiera entre las macetas, pero las macetas se han secado la mayoría. Hay una a la que le cuesta trabajo morirse y entre tanta ramas secas ha subido una tímida vara verde que asciende sola practicando el camuflaje. De todas formas, me da un poco de asco verter cenizas. Vaya empeño el de mi madre. Fue lo más ocurrente que me dijo, desde luego. A decir verdad, lo único que dijo en el último medio año que vivió, ya con los pájaros en la cabeza. Después de eso, solo hacía gorgoritos, relinchos y otros sonidos de la madre naturaleza usurpadora del territorio de su pragmático pensamiento.

¡Quién te lo iba a decir! Ya ves madre, de poco valen las matemáticas, el raciocinio y la frialdad. La desesperación lo destruye todo. Convierte en escombros tu vida mezclando los números con las siglas; las calles con los ríos, el dolor con la risa. Ya ves madre, el amor es un vacío al que te lanzaste sin pensar.  Supongo que tendré que tirar las cenizas. Debería decir verter las cenizas o depositar las cenizas. Me estoy embruteciendo. Si, las echaré sobre el arriate. Tal vez me deje tranquila si lo hago. Las carreras hay que ejercerlas si no se olvida todo lo que has aprendido y te quedas pelada como al principio.

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empezar de nuevo

Qué mala cara tengo. Voy a cortarme el pelo. Son las doce, me da tiempo. Qué corte me quedará bien. Dame una revista Chari de pelo corto, semi corto o medio corto. Es que, algunas veces, me invento los términos cuando no encuentro su nombre. Es que no lo quiero ni muy corto ni muy largo. Me ocurre con frecuencia que no sé  el nombre de las cosas, es, sobre todo, porque no salgo y pierdo actualización de datos.

La Chari me entiende, aunque me mire con cara de puerta, sin expresión, como si lo que yo le digo no le supiera a nada, como si no hubiera dicho nada en realidad. Me mira como si mirara al vacío, me doy cuenta porque yo también la miro y la veo hueca. Me dice, mientras ahueca el pelo negro retinto de una clienta que no conozco, que me pega un corte medio, corto, con o sin flequillo entre otros porque a una cara ovalada le pega casi todo. ¡Coño! Lo de medio ya lo he dicho yo, no estaba tan despistada. Y con lo de cara ovalada, a mí no me engaña. Soy cara huevo, lo sé porque se lo escuché a ella misma la última vez que me pelé. De eso hace ya nueve meses…continuará.

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