El panel de mis sueños IV

img002Y así un día y otro. Con todo recogido y oliendo a pollo vamos al despacho de la jefa. Informamos de los incidentes. En esta sala me ahogo. Su discursito de aliento y de recordatorio de nuestra importancia en la vida de los mayores me oprime. Qué sabrá ella de opresión y de viejos. Quiero seguir en la silla, sentirme parte del equipo, y no del mobiliario, es importante y necesario para el buen funcionamiento, pero tengo un folleto del Caribe que me quema en el bolsillo. Si jefa, le digo, pero esa voz que me habla desde otro lugar se impone, me arrastra y no sé cómo desconectarla y, encima, tiene razón. “Ahí fuera hay algo que te está esperando, que tal vez no sea nada, o quizás sí y si no lo pruebas nunca sabrás si ganas o pierdes” Menudo gancho.

Mañana, dice la jefa, llega una anciana de Fuenteheridos. La tienes asignada tú. ¿Tú soy yo? Si, tú, no te quejarás. Tienes el pabellón medio vacío. Pero, vamos a ver, ¿no llegaba el viernes junto con otros restos de un asilo que han cerrado en Niebla? Ni caso. Ah, que el familiar de la víctima, perdón, de la usuaria, no podrá estar en la mudanza y quiere asistir… Y quiere asistir, pienso, no sé por qué, en un parto sin dolor. Bueno qué más da una más que menos.

Lo que me impresiona son las llegadas. Sacar a una anciana de una furgoneta con el bolso en una  mano y el pañuelo de los mocos en la otra. Cuando se baja vuelve la cabeza y mira el asiento y en el asiento no hay nada. Cuando cruza la puerta de entrada el vacío se apodera del camino y aquí nos encargamos de meterle información nueva en el cerebro. Esta es tu nueva vida, lo demás no importa. Vas a estar muy bien con nosotros. Conocerás a otras mujeres y hombres en este matadero. ¿Me oyes?, la jefa le pone un tono especial a esta especie de pregunta. Claro, mi vida está medio vacía. Será un alivio que me la llenes. Si no estás contenta con tu trabajo, puedes buscarte otro. Sí, estoy en ello perra. Lo de perra lo digo para adentro. Por qué lo llamaran residencia cuando deberían llamarla casquería. Se acabó la reunión, no sin antes dar la charlita de motivación. Apago la grabadora para no tener que transcribir tanta basura. CONTINUARÁ.