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Diálogo en la habitación

Antes de teorizar sobre “el diálogo”

Propongo hacer un juego: Dedícate durante tres días a leer diálogos de novelas ya leídas.

Y otro: Copia los diálogos de una novela cogida al azar de tu estantería.

Si la novela es buena, naturalmente, te darás cuenta de que no solo ves en él lo que se dice y lo que no se dice, sino cómo se dice. Como en un diálogo normal en tu casa, en el diálogo de la novela o el cuento, hay interrupciones. Observa los diálogos que se producen a tu alrededor y te darás cuenta de que a veces no nos escuchamos. Un ejemplo de esto lo pone Thaisa Frank en su libro sobre la voz del escritor:

―Mamá, voy a dejar el trabajo.

―¿Quieres más potage, cariño?

Fíjate en cómo la rabia se canaliza en una contestación que nada tiene que ver con el problema que tiene un personaje en la cabeza. Seguro que alguna vez te ha pasado a ti.

―Qué calor hace, ¿no? ―dice el.

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cómo somos realmente?

―¡Enciende de una puta vez el aire! ―contesta ella.

Aquí está diciendo que lo odia por algún motivo. Algo está ocurriendo, por tanto en la vida de estos personajes.

Para que puedas meterte en el personaje y dejar que sea él el que hable, debes familiarizarte con otras formas de hablar: personas de distinto sexo, generación, de raza, etc. Debes escuchar a la gente en el metro, en la calle, en el supermercado, en la sala de espera del dentista…

Además hay una serie de preguntas que debes hacerte a cerca de tu personaje:

¿Es parco en palabras? ¿Se extiende en explicaciones ? ¿Tiene dudas? ¿Va directo al grano?. La respuesta está en el personaje que has elaborado. No puedes contradecirlo. Si has creado a una mujer valiente capaz de enfrentarse a cualquier cosa por defender a su hijo, debes de encontrar una buena justificación para que en un encuentro con su enemigo se muestre débil.

Otra cuestión a tener en cuenta es su formación. No habla igual un profesor de la universidad en 2016 que un bombero de los años 50.

Y, por supuesto, un diálogo no debe ir acompañado de grandes párrafos explicativos que corten la acción, pero sí de gestos que indiquen la intensidad de la situación o el estado de ánimo del personaje. En el caso del primer diálogo:

―Mamá, voy a dejar el trabajo ―dijo Clara tirando el bolso sobre la mesa de entrada.

―¿Quieres potage o patatas fritas, cariño?―contestó su  madre  limpiándose el sudor de la cara con el paño de cocina.

A evitar: Los largos saludos y las eternas despedidas. No dicen ni conducen a nada.

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Qué contesto?

―Hola, qué tal.

―Hola, yo bien, y tu…

―Yo estupendamente, qué haces…

―Aquí… y tú…

El mejor consejo es que leas muchos diálogos analizando qué dicen y cómo lo dicen. En los diálogos, como en la narración, lo mejor es la naturalidad. Nada de grandilucuencias. Como la vida misma.

Después, escribe una escena en la que una pareja de novios hablan de la película “El lado bueno de las cosas” que acaban de ver en el cine.

¡Adelante!, muéstranos que relación hay entre ellos. Cómo les va la vida. Crea dos personajes de ese diálogo. Muestra cómo son. Es un gustazo ponerse a crear. Pásalo bien.

 

 

 

 

 

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