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Actuar, escribir…

La improvisación en la escritura, al igual que en el teatro, no es hacer por hacer. La improvisación es la libertad de crear para explorar a los personajes, para darles oportunidad de conocerse, de expresarse; para conectar con las escenas, con los objetos, con la naturaleza de la historia y con su verdad.

Improvisar es aprender, no es equivocarse. Es ver todas las posibilidades de la situación, multiplicar detalles, crear fluidez de sensaciones. Y, sobre todo, la IMPROVISACIÓN, nos arranca el abrigo inhibidor que nos impide ser nosotros mismos. Nos saca del misterio de nuestro pasado. Nos devuelve la sensibilidad.

Lo bueno que tiene el improvisar es que una vez que te pones, cada día un ratito, ya no paras. Aprenderás a vivir la experiencia de tu personaje, no a pensarla. Según Dominique de Fazzio: “Explora lo que hace que el personaje se comporte como lo hace”. Esto vale para el teatro y para la escritura.

“El pasado es un elemento muy importante en el que se bucea, desde la improvisación, en el presente“. L@s buen@s escritores lo hacen, si te das cuenta. En cada obra algo del pasado del escritor está revivido. El pasado es como un cuento que se va escribiendo cada vez en cada escrito. Improvisar “sobre algo que quieres escribir, sobre una imagen que no se te borra de la cabeza, sobre un hecho que estás viendo, una discusión entre hermanas, etc., es, además de recuperar pedazos del pasado perdidos, encontrar al personaje y llenar de verdad las palabras, los hechos.

PROPUESTA SENCILLA.

Ella va a salir de casa y al abrir la puerta, ve que la niebla lo inunda todo. Haz una

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Improvisación

inmersión en la noche a través de la niebla y escribe lo que ella siente, lo que ve en la oscuridad, los recuerdos que aparecen, los secretos que esconde. Recuerda, déjate llevar por los sonidos, qué se oye, es siempre el mismo sonido…? a qué huele…

Tienen que intervenir Todos los sentidos. Ve despacio, siente el tacto de los objetos que rozas, el suelo que pisas, el aire… o no hay aire? Tiene miedo, rie, llora, grita, qué siente mientras avanza…

Registra bien toda la experiencia, hazla tuya, orgánica. Retómalo, repite las veces que lo necesites. Verás que cada día surge algo nuevo, los detalles se añaden, los gestos toman valor. Estás creando,  improvisando en casa, nadie te molesta.  Cuando estés preparad@, empezarás a escribir una buena historia. La improvisación, cura. Un ejemplo de actores que han trabajado la improvisación y han conseguido actuaciones inolvidables: Marlon Brando. Y yo diría que Ulises de James Joyce es producto de una larga tarea de exploración, de investigación originada por la improvisación. Soy osada, lo sé, pero ahí queda.

Heath Ledger fue un actor del método: “Me encerré en una habitación de hotel en Londres durante un mes, cree un pequeño diario y experimenté con diferentes voces porque era importante tratar de encontrar una voz icónica y una risa para él”. El personaje fue Joker, de la película:  El acaballero oscuro.

Michelle Williams: Para protagonizar el biopic sobre Marilyn, Mi semana con Marilyn, estuvo meses leyendo sobre la actriz, además de familiarizándose con las revistas de moda y belleza y con una curiosa técnica que usaba la actriz para juntar las piernas, atarse una cuerda a los tobillos.

Practícalo, tú puedes.Será una gozada, te lo garantizo.

 

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