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  Escribir monólogos.

 

 

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1.Escribe un monólogo con un pensamiento que tengas parecido o contrario a este.

 

“Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Solo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde estoy y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura…” (Salinger, El guardián entre el centeno)

2. Transforma a Hamlet en un hombre de hoy y reescribe PARTE de su monólogo.

Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción. (Shakespeare, Ser o no ser)

Arriésgate con los siguientes monólogos.

  1. Imagina que estás en la larga cola de un supermercado y empiezas a pensar en lo tarde que es y en cómo que están la cosas en casa y acabas contándoselo todo a tu compañero de fila.
  2. Tu personaje ha entrado en una prisión acusado de un asesinato que no ha cometido y decide escribir una carta para entregarla a un periodista para que se conozca su verdad.
  3. Laura es una chica tímida, pero su amor por Fran la lleva a crear un blog dedicado a un personaje de ficción basado en su relación con él.
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Sitúate.

Déjate llevar por las situaciones. Recuerda lo importante, quién es tu personaje; que hable desde el corazón.

 

No olvides que toda historia tiene un principio y un final y en toda historia hay un cambio. El personaje no estará al final del monólogo como empezó. Algo sucede que lo cambia. No debe ser un cambio irreal, exagerado.Nadie cambia tanto, te lo aseguro.

La idea de proponerte escribir un monólogo no es por capricho sino porque en un discurso sin ataduras, llegamos a conocer al personaje con toda  su alma, sus deseos, sus problemas, sus pensamientos, etc. Para ti que empiezas es recomendable practicarlo porque le ayudará a soltarte, a soltar prejuicios, a  probar cambios de rumbos en la narración, a hacer lo que quieras.

El monólogo es un compañero o compañera de viaje. Y te ayudará en futuras creaciones. En el cine hay monólogos, en el teatro, en las novelas. Esas escenas en las que el personaje principal se suelta y nos habla de algo que piensa o que siente, dice mucho del conjunto de la obra. Y si se te ocurriera escribir una novela como  “El guardián entre el centeno” de Salinger, te cogería más preparado/a. El monólogo te ayuda a hablar en primera persona. Te enseña a organizar las ideas, la historia y la trama. No importa que la primera y la segunda vez te resulte un churro. Practícalo y más adelante hablamos. Y sobre todo, lee los que puedas de MONÓLOGOS TEATRALES y de NOVELA y observa, escucha los del cine. Los monólogos siempre revelan algo importante.

Piensa en imágenes, beneficia al texto. Disfruta revelando cosas importantes sobre las personas y los personajes. Actúa.

Aclaración: No sé si son las mejores traducciones de los autores propuestos, para este caso no debe importarnos, creo.

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